Pedro Calderón de la Barca

Resumen de su vida

Pedro Calderón de la Barca, (nacido el 17 de enero de 1600, Madrid, España, fallecido el 25 de mayo de 1681, Madrid), dramaturgo y poeta que sucedió a Lope de Vega como el mejor dramaturgo español del Siglo de Oro. Entre sus dramas seculares más conocidos se encuentran El médico de su honor (1635; El cirujano de su honor), La vida es sueño (1635; La vida es un sueño), El alcalde de Zalamea (alrededor de 1640; El alcalde de Zalamea) y La hija del aire (1653, “La hija del aire”), a veces considerada su obra maestra. También escribió óperas y juega con temas religiosos y mitológicos.

Haber encontrado una forma dramática que transmita las doctrinas de la fe cristiana le da a Calderón un lugar especial en la literatura y es el punto más notorio de su biografía. Pero su grandeza no se limita a esto; la profundidad y consistencia de su pensamiento, su artesanía supremamente inteligente y su integridad artística, su visión psicológica, y la racionalidad y humanidad de sus estándares morales lo convierten en una de las figuras más importantes del drama mundial.

 

La niñez de Pedro Calderón de la Barca

El padre de Calderón, un funcionario del gobierno bastante adinerado que murió en 1615, era un hombre de temperamento severo y dictatorial. Las tensas relaciones familiares aparentemente tuvieron un profundo efecto en el joven Calderón, ya que varias de sus obras muestran una preocupación por los efectos psicológicos y morales de la vida familiar antinatural, presentando un comportamiento anárquico directamente relacionado con el abuso de la autoridad paterna.

 

Sus estudios e inicios de su arte

Dedicando muchas horas del día a la iglesia, Pedro Calderón de la Barca se matriculó en la Universidad de Alcalá en 1614, pero un año más tarde se trasladó a Salamanca, donde continuó sus estudios en artes, derecho y probablemente teología hasta 1619 o 1620. Abandonando una carrera eclesiástica, ingresó al servicio de el condestable de Castilla y en 1623 comenzó a escribir obras para la corte, convirtiéndose rápidamente en el principal miembro del pequeño grupo de poetas dramáticos a quien el rey Felipe IV reunió a su alrededor. En 1636, el rey lo nombró Caballero de la Orden Militar de Santiago. La popularidad de Calderón no se limitó a la corte, ya que estas primeras obras también fueron aclamadas en los teatros públicos, y luego de la muerte de Lope de Vega (1635) Calderón se convirtió en el maestro de la escena española.

calderón de la barca retrato

Al estallar la rebelión catalana, se alistó en 1640 en una compañía de caballería de las órdenes militares y sirvió con distinción hasta 1642, cuando fue expulsado del ejército. En 1645 ingresó al servicio del Duque de Alba, probablemente como secretario.

En 1651 anunció que no escribiría más para el escenario. Esta intención se mantuvo con respecto a los teatros públicos, pero a la orden del rey continuó escribiendo regularmente para el teatro de la corte. También escribió cada año las dos obras de Corpus Christi para Madrid. Nombrado prebendario de la Catedral de Toledo, se estableció en 1653. El bello poema religioso meditativo Psalle et sile (“Canta salmos y guarda silencio”) es de este período. Al recibir permiso para mantener su prebenda sin residencia, regresó a Madrid en 1657 y fue nombrado capellán honorario del rey en 1663.

 

Sus primeras obras y logros artísticos

El patrocinio de la corte que disfrutó Pedro Calderón de la Barca constituye la influencia individual más importante en el desarrollo de su arte.

El drama de la corte surgió del drama popular, y al principio no hubo distinción en los temas y el estilo entre las dos partes. La construcción, sin embargo, de un teatro especial en el nuevo palacio, el Buen Retiro, terminado en 1633, hizo posibles producciones espectaculares más allá de los recursos del escenario público. Las representaciones teatrales se convirtieron en un género distintivo del Barroco, que combinaba el drama con el baile, la música y las artes visuales, y se alejaba de la vida contemporánea en el mundo de la mitología clásica y la historia antigua. Así, Calderón, como dramaturgo de la corte, se asoció con el auge de la ópera en España. En 1648 escribió El jardín de Falerina (“El jardín de Falerina”), la primera de sus zarzuelas, juega en dos actos con diálogos alternados hablados y cantados. En 1660, escribió su primera ópera, el acto único La púrpura de la rosa, con todos los diálogos puestos a la música. Esto fue seguido en 1660 por “Los celos incluso del aire pueden matar”, una ópera en tres actos con música de Juan Hidalgo. Como en la tradición italiana, la música estaba subordinada a la poesía, y todas las obras musicales de Calderón son dramas poéticos por derecho propio.

El drama de Pedro Calderón de la Barca debe situarse dentro del contexto del teatro de la corte, con su desarrollo consciente de una forma de arte poco realista y estilizada. Durante dos siglos después de su muerte, su preeminencia permaneció intacta, pero los cánones de crítica realistas que surgieron a fines del siglo XIX produjeron una reacción a favor del drama más “real” de Lope de Vega. Calderón parecía amanerado y convencional: la estructura de sus tramas artificialmente inventada, sus personajes rígidos y poco convincentes, sus versos a menudo afectados y retóricos. Aunque usó dispositivos técnicos y gestos estilísticos que por repetición constante se volvieron convencionales, Calderón permaneció lo suficientemente desapegado para hacer que sus personajes, en ocasiones, se burlaran de sus propias convenciones. Este desapego indica una concepción del arte como un medio formal que emplea sus dispositivos artísticos para comprimir y abstraer lo externo de la vida humana, para expresar mejor sus elementos esenciales.

En esta dirección, Pedro Calderón de la Barca desarrolló la forma dramática y las convenciones establecidas por Lope de Vega, basadas en la primacía de la acción sobre la caracterización, con unidad en el tema y no en la trama. Creó una estructura propia muy unida, dejando intacto el marco formal del drama de Lope. Desde el principio manifestó su habilidad técnica al utilizar los personajes e incidentes de sus tramas en el desarrollo de una idea dominante. A medida que su arte maduró, sus tramas se hicieron más complejas y la acción más estrecha y compacta. La creación de patrones dramáticos complejos en los que el efecto artístico surge de la percepción de la totalidad del diseño a través de la inseparabilidad de las partes es el mayor logro de Calderón como artesano. El pintor de su deshonra (c.1645; El pintor de su propio deshonor) y La cisma de Ingalaterra (c.1627; “El cisma de Inglaterra”) son ejemplos magistrales de esta técnica, en la que imágenes poéticas, personajes y acción están sutilmente interconectados por símbolos dominantes que dilucidan el significado del tema. Aunque los recursos retóricos típicos del barroco español siguieron siendo una característica de su dicción, su verso se desarrolló lejos de la ornamentación excesiva hacia un estilo tenso comprimido y controlado por una mente penetrante.

Pedro Calderón de la Barca

Contrastes y enemistades entre el poder y el amor

Las dificultades que el arte de Pedro Calderón de la Barca presenta al lector moderno han tendido a oscurecer la originalidad de sus temas. Aceptando las convenciones de la comedia de la intriga, una forma favorita en el escenario español, las usó con un propósito fundamentalmente serio: La dama duende (1629; La Dama Fantasma) es un ejemplo limpio y animado. En Casa con dos puertas, mala es de guardar (1629; “Una casa con dos puertas es difícil de custodiar”), las intrigas del cortejo secreto y los disfraces que necesita se presentan de tal modo que la reclusión tradicional de mujeres en la que se desenvuelven estas intrigas se basa en crear desorden social mediante la crianza de la enemistad y poner en peligro el amor y la amistad. No siempre lo peor es cierto (c.1640; “Lo peor no siempre es verdad”) y No hay cosa como callar (1639; “El silencio es oro”) marcan la cima de este desarrollo: aunque las convenciones de la comedia permanecen, el los sobretonos son trágicos. Ambas obras también critican implícitamente el código de honor aceptado. El rechazo de Calderón a los rígidos supuestos del código de honor es evidente también en sus tragedias. En el famoso El alcalde de Zalamea, el secreto y la venganza exigidos por el código son rechazados. Esta obra también presenta un fuerte contraste entre la aristocracia y el pueblo: la degeneración del ideal aristocrático queda expuesta, la riqueza se asocia con el trabajo manual y el honor se muestra como la consecuencia y la prerrogativa de la integridad moral independientemente de la clase. Sin embargo, la humanidad de Calderón ha sido cuestionada en relación con El médico de su honor. Los críticos que alegan que aprueba el asesinato de una esposa inocente porque el honor lo exige, pasan por alto el hecho de que el horror que uno siente por esta acción es precisamente lo que pretendía.

Una nota clave de la trágica visión de la vida de Pedro Calderón de la Barca es su profunda comprensión de que un hombre puede ser responsable por su propia maldad por el mal de otro. Esta realización probablemente se deriva de la propia experiencia familiar de Calderón. En La devoción de la cruz (c.1625; Devoción de la cruz) y Las tres justicias en una (c.1637; Tres juicios en un golpe), el corazón de la tragedia reside en el hecho de que el pecador más grande también es el la mayoría pecó contra, en que otros, antes de nacer, habían comenzado a cavar su tumba. El pintor de su deshonra está construido sobre una trama similar.

Las jugadas de la cancha completamente desarrolladas están mejor representadas por La hija del aire. Esta obra en dos partes dramatiza la leyenda de Semiramis (la reina guerrera de Babilonia cuya codicia por el poder político la llevó a ocultar y hacerse pasar por su hijo en su ascenso). A menudo se considera la obra maestra de Calderón. Altamente estilizado, transmite una fuerte impresión de violencia. Presenta, con considerable complejidad, el contraste entre la pasión y la razón. La pasión, en su egoísmo, en su afán de poder y devorando todo en el impulso de dominación, engendra desorden y conduce a la destrucción; la razón, en su sacrificio del interés propio por la justicia y la lealtad, produce orden. Este contraste básico subyace a los temas del último período de Calderón, sus diversos aspectos se expandieron en una serie de variaciones interesantes, muchas directamente relacionadas con los valores positivos de la civilización. Aunque ninguno tiene la intensidad de La hija del aire, la mayoría ejemplifica un arte reflexivo, digno y contenido. Predominan los temas mitológicos, con un tratamiento más o menos alegórico, como en Eco y Narciso (1661; “Eco y Narciso”), La estatua de Prometeo (1669; “La estatua de Prometeo”) y Fieras afemina amor (1669; Las bestias salvajes son domesticadas por el amor “).

 

Libros y obras religiosas

La visión de Pedro Calderón de la Barca del mundo humano en sus obras seculares es una de confusión y discordia que surge del inevitable choque de valores en el orden natural. Sus juegos religiosos completan su visión de la vida confrontando los valores naturales con los sobrenaturales. Lo más característico de estas obras religiosas, siguiendo la tradición establecida fuera de España por el drama jesuita, se basan en historias de conversión y martirio, generalmente de los santos de la iglesia primitiva. Uno de los más conocidos es El príncipe constante (1629; El príncipe constante), que dramatiza el martirio del príncipe Fernando de Portugal. El mágico prodigioso (1637; The Wonder-Working Magician) es una obra religiosa más compleja; Los dos amantes del cielo y El José de las mujeres (c. 1640, “El José de la Mujer”) son los más sutiles y difíciles.

La experiencia humana básica de la que Calderón depende para el apoyo racional de la fe religiosa es la decadencia y la muerte y la consiguiente incapacidad del mundo para cumplir su promesa de felicidad. Esta promesa se centra en valores naturales tales como la belleza, el amor, la riqueza y el poder que, aunque sean valores verdaderos si se persigue con prudencia, no pueden satisfacer la aspiración de la mente por la verdad o el anhelo de felicidad del corazón. Solo la aprehensión de un “Bien infinito” puede calmar la inquietud de los hombres.

Esta filosofía religiosa tiene su expresión más conmovedora, en términos del dogma cristiano, en los autos sacramentales. Setenta y seis de estas obras alegóricas, escritas para la representación al aire libre en la Fiesta de Corpus Christi, son existentes. En ellos, Calderón trajo la tradición de la moralidad medieval a un alto nivel de perfección artística. El alcance de su aprendizaje bíblico, patrístico y escolástico, junto con la seguridad de su técnica estructural y su dicción poética, le permiten dotar a los conceptos abstractos de la teología dogmática y moral con una vida dramática y convincente. En su punto más débil, los autos tienden a depender, por su efecto, del ingenio de sus alegorías, pero en el mejor de los casos están imbuidos de una profunda percepción moral y espiritual y de un sentimiento poético que varía desde la ternura hasta la contundencia. La cena de Baltasar (hacia 1630, la fiesta de Belsasar) y El gran teatro del mundo (hacia 1635, el gran teatro del mundo) son buenos ejemplos del estilo primitivo; la mayor complejidad de su período medio está representada por No hay más fortuna que Dios (c 1652, “No hay fortuna sino Dios”) y Lo que va del hombre a Dios (1652-57; “El Golfo entre el hombre y Dios”). “). Pero su logro más grande en este tipo de drama se encuentra entre los autos de su vejez que dramatizan los dogmas de la caída y la redención, notablemente La viña del Señor (1674; “The Lord’s Vineyard”), La nave del mercader (1674; “El barco del mercader”), El nuevo hospicio de pobres (1675; “El nuevo hospital para los pobres”), El día mayor de los días (1678; “El día más grande de los días”) y El pastor fido (1678; “El pastor fiel”). Aquí se encuentra la expresión más conmovedora de Calderón de su comprensión compasiva del descarrío humano.

 

Frases destacadas de Calderón

“Cuentan de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba de unas hierbas que cogía. ¿Habrá otro (entre sí decía), más pobre y triste que yo? Y cuando el rostro volvió,  halló la respuesta, viendo  que iba otro sabio cogiendo las hojas que él arrojó”.

“No hables mal de las mujeres: la más humilde te digo que es digna de estimación porque, al fin, de ellas nacimos”.

“Venciste, mujer, venciste con no dejarte vencer”.

“Vencerse a sí mismo un hombre es tan grande hazaña, que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla”.

“El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad”.

Su muerte

Pedro Calderón de la Barca falleció el 25 de mayo de 1681, tuvo un entierro poco ostentoso, como había solicitado en el testamento que redactó. En el mismo deja escrito: “Descubierto, por si mereciese satisfacer en parte las públicas vanidades de mi mal gastada vida”.



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ENCICLOPEDIA BIOGRAFIADOS (2018) Pedro Calderón de la Barca, en biografiados.com. https://biografiados.com/pedro-calderon-de-la-barca/ (Consultado el: 10-12-2018)

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Actualizado: 02/05/2018 — 5:50 pm
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